30 de enero de 2023

Nuestra lengua es de cera y abundante

Detalle de San Marcos el evangelista, de Gabriel Mälesskircher

 
De lo que yo compuse juzgará cada uno a su voluntad; de lo que es traducido, el que quisiere ser juez, pruebe primero qué cosa es traducir poesías elegantes de una lengua extraña en la suya sin añadir ni quitar sentencia, y guardar cuanto es posible las figuras de su original y su donaire, y hacer que hablen en castellano y no como extranjeras y advenedizas, sino como nacidas en él y naturales. Lo cual no digo que he hecho yo, ni soy tan arrogante, mas helo pretendido hacer, y así lo confieso. Y el que dijere que no lo he alcanzado, haga prueba de sí, y entonces podrá ser que estime más mi trabajo. Al cual yo me incliné solo por mostrar que nuestra lengua recibe bien todo lo que se le encomienda, y que no es dura ni pobre, como algunos dicen, sino de cera y abundante para los que la saben tratar.
 
 
📔 Fray Luis de León (1527-1591), en la dedicatoria a Pedro Portocarrero con la que encabezó una recopilación de su obra poética.

29 de enero de 2023

Un grito de angustia y un canto de alabanza

Cristo en la cruz, de Carl Bloch

 
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación
y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes;
y de noche, y no hay para mí reposo.
 
Pero tú eres santo,
tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
En ti esperaron nuestros padres;
esperaron, y tú los libraste.
Clamaron a ti, y fueron librados;
confiaron en ti, y no fueron avergonzados.
 
Mas yo soy un gusano, no un hombre;
un ser despreciable, la vergüenza del pueblo.
Todos los que me ven se burlan de mí;
tuercen la boca y menean la cabeza, diciendo:
"Se encomendó al Señor, que él lo libre;
que lo salve, puesto que en él se complacía".
 
Pero tú eres el que me sacó del vientre,
el que me hizo estar confiado
desde que estaba a los pechos de mi madre.
A ti fui encomendado desde antes de nacer;
desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
No te alejes de mí, porque la angustia está cerca
y no hay quien me ayude.
 
Me han rodeado muchos toros,
fuertes toros de Basán me han cercado.
Abrieron sobre mí su boca
como león rapaz y rugiente.
 
He sido derramado como el agua,
y todos mis huesos se descoyuntaron.
Mi corazón fue como cera,
derritiéndose en medio de mis entrañas.
Como un tiesto se secó mi vigor,
y mi lengua se pegó a mi paladar:
me has puesto en el polvo de la muerte.
 
Perros me han rodeado,
me ha cercado una banda de malhechores:
horadaron mis manos y mis pies.
¡Contar puedo todos mis huesos!
Entre tanto, ellos me miran y me observan.
Repartieron entre sí mis vestidos,
y sobre mi ropa echaron suertes.
 
Mas tú, Señor, ¡no te alejes!
Fortaleza mía, ¡apresúrate a socorrerme!
Libra de la espada mi alma,
del poder del perro mi vida.
Sálvame de la boca del león,
y líbrame de los cuernos de los toros salvajes.
 
Anunciaré tu nombre a mis hermanos,
en medio de la congregación te alabaré.
Los que teméis al Señor, ¡alabadlo!
¡Glorificadlo, descendencia toda de Jacob!
¡Y temedlo vosotros, descendencia toda de Israel!,
porque no menospreció ni rechazó el dolor del afligido,
ni de él escondió su rostro,
sino que cuando clamó a él, lo escuchó.
 
De ti será mi alabanza en la gran congregación,
mis votos pagaré delante de los que le temen.
Comerán los humildes hasta quedar saciados;
alabarán al Señor los que le buscan;
vivirá vuestro corazón para siempre.
 
Se acordarán y se volverán al Señor
todos los confines de la tierra,
y todas las familias de las naciones
adorarán delante de ti,
porque del Señor es el reino,
y él regirá las naciones.
 
Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
La posteridad le servirá;
hablarán del Señor a la generación futura.
Vendrán, y anunciarán su justicia;
dirán al pueblo que ha de nacer que esto es lo que hizo el Señor.
 
 
📖 Salmo 22 (Reina Valera 1960 y 2020)

28 de enero de 2023

Escrito está en mi alma vuestro gesto: versión original y a lo divino

Magdalena penitente, de B. E. Murillo

 
Versión original de Garcilaso:
 
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos sola lo escribisteis, yo lo leo,
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
 
 
Versión a lo divino de Sebastián de Córdoba:
 
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos, Cristo, lo escribís, y yo lo leo,
así que solo vos obráis en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto,
que obrando vos en mí lo que no veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
llevando ya la fe por presupuesto.

Creásteme, Señor, para quereros,
solo henchís del alma la medida,
mas no puedo seguiros como quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
pos vos nací, por vos tengo la vida,
y vuestra muerte es causa que no muero.


📔 Soneto V de Garcilaso de la Vega (1501-1536) y su adaptación de Sebastián de Córdoba, en Las obras de Boscán y Garcilaso trasladadas en materias cristianas y religiosas (1575)

26 de enero de 2023

Yo, el sin ventura padeçiente por amar

El paso de la laguna Estigia, de Joachim Patinir

 
Como yo el sin ventura padeçiente por amar errase por la escura selva de mis pensamientos al punto que los montes Crimios consagrados al alto Apolo, que es el sol, atiende su resplandor, vagando por la desierta e solitaria contemplaçión arribé con grand fortuna a los tres caminos que son tres varios pensamientos que departen las tres árbores consagradas en el jardín de la ventura, que trayendo mis lientos passos por verdura sin ningún esperança de amor secavan las yervas por donde alcançavan mis pisadas. El lindo arrayán consagrado a la deesa Venus que era en la espaciosa vía de bien amar, en punto que sobre mí tendió las verdes ramas fue despojado de su vestidura; e la verde oliva consagrada a la deessa Minerva que era en la angosta senda la qual es la vida contemplativa de no amar, no padeció más verdes fojas e el ruiseñor que a la sazón cantava trocó el breve con el triste atrono. Las ledas aves gritaderas mudaron los sus dulçes cantos en gritos e passibles lays; todas las criaturas que eran enverso de mí padeçieron eclipsi por diversas figuras. Es de maravillar que aun el trabajado portante en las partes de Italia conocido por el alazán fue tornado del sol, que es oy día del triste color de todas mis ropas; tanto que yo dubdava de lo conocer. Y mirando en la corteza de las árbores fallava devisado mi mote, en fin de los dos lemes raído el estede, escripto por letras: INFORTUNE.
 
E yo solo que estava en poder de la grand tristura, vistas las mudas aves, criaturas, plantas non sentibles en tal mudança de su proprio ser por causa mía, fue alterado fuera de mí e mi libre alvedrío, guardián de los caminos que son todos pensamientos, partido de la compañía, no tardó seguir la desçendiente vía que es la desperaçión que enseñava el árbor pópulo que es álbor de paraíso consagrado a Hércoles por la guirnalda de sus blancas fojas, que pasó al reino de las tiniebras donde las medias partes, brasadas de las bivas llamas, tornaron escuras según que pareçen. E guardado por el entendimiento que de grandes días, airado de mí, solo andava por la montaña, rogávale que no dubdase de lo seguir e que promesa fazía a la casta Diana deesa de las bestias fieras, de no fallir la tenebrosa vía y fielmente la guiar a los Campos Ilíasos donde corre aquel río Letheo cuyas aguas, venido en gusto del furioso amador, trahen consigo la olvidança, solo reparo que dezía fallar a mis penas.


📔 Juan Rodríguez del Padrón, en Siervo libre de amor (h. 1439)

25 de enero de 2023

Evangelio, divina novela

Ilustración de Eugenia Gorbacheva

 
Y ahora, antes de cerrar este epílogo, quiero recordarte, lector paciente, el versillo noveno de la Epístola del olvidado apóstol san Judas —¡lo que hace un nombre!—, donde se nos dice cómo mi celestial patrono, san Miguel Arcángel (Miguel quiere decir '¿Quién como Dios?', y arcángel, 'archimensajero') disputó con el diablo (diablo quiere decir 'acusador', 'fiscal') por el cuerpo de Moisés y no toleró que se lo llevase en juicio de maldición, sino que le dijo al diablo: "El Señor te reprenda". Y el que quiera entender que entienda.
 
Quiero también, ya que Ángela Carballino mezcló a su relato sus propios sentimientos, ni sé que otra cosa quepa, comentar yo aquí lo que ella dejó dicho de que si don Manuel y su discípulo Lázaro hubiesen confesado al pueblo su estado de creencia, este, el pueblo, no les habría entendido. Ni les habría creído, añado yo. Habrían creído a sus obras y no a sus palabras, porque las palabras no sirven para apoyar las obras, sino que las obras se bastan. Y para un pueblo como el de Valverde de Lucerna no hay más confesión que la conducta. Ni sabe el pueblo qué cosa es fe, ni acaso le importa mucho. Bien sé que en lo que se cuenta en este relato, si se quiere novelesco —y la novela es la más íntima historia, la más verdadera, por lo que no me explico que haya quien se indigne de que se llame novela al Evangelio, lo que es elevarle, en realidad, sobre un cronicón cualquiera—, bien sé que en lo que se cuenta en este relato no pasa nada; mas espero que sea porque en ello todo se queda, como se quedan los lagos y las montañas y las santas almas sencillas asentadas más allá de la fe y de la desesperación, que en ellos, en los lagos y las montañas, fuera de la historia, en divina novela, se cobijaron.
 
 
📔 Miguel de Unamuno, en San Manuel Bueno, mártir (1931)

11 de enero de 2023

Mañana le abriremos

Jesús llamando a la puerta (desconozco al artista)

 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
 
 
📔 Lope de Vega (1562-1635)

4 de enero de 2023

Mira...

El árbol de la vida, de Ignacio de Ries
 
 
Mira que te mira Dios,
mira que te está mirando,
mira que te has de morir,
mira que no sabes cuándo.

 
📔 Muestra de lírica tradicional (ss. XV-XVI)

2 de enero de 2023

Como las olas del mar

Elaboración de un collar con crisoprasa por Artesanías y macramé 8a

 
El mar solo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas. Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. Si en medio de un gran temporal el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concreta que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo.
 
Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzadas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuánto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado de sol pero no vencido.
 
La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo solo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.
 
 
📔 Manuel Vicent, en «Las olas» (El País, 27 de marzo de 2004)

1 de enero de 2023

Mi lengua española, que ora temblorosa y humilde

Detalle de la página 72 de las glosas emilianenses

 
Esta lengua que uso, por la que a cada instante vierto mi pensamiento y mi corazón, ¿cuándo sonó por primera vez en España? Hace mucho que la Lingüística contestó (y, en lo esencial, aún vale esta respuesta): «El español actual es el latín que se habla en España en el siglo XX.» O, de otro modo: que el latín llega a ser el español a lo largo de una evolución lentísima y constante, y nunca podemos cortar por un punto y decir: «Aquí está el español recién nacido.» Así contestó la Ciencia. Pero en el espectro hay un instante en el que ya estamos seguros de ver color amarillo, y no verde. Se trata, pues, de saber cuál es el primer testimonio conservado que caiga ya del lado del español, y no del latín.
 
La dificultad estriba en que hasta los aledaños del siglo XIII se escriben en latín más o menos correcto lo mismo los documentos que las historias. Ese muro artificial nos tapa lo que detrás ocurre. Sabemos que un siglo antes la lengua hablada había ya producido nada menos que el Poema del Cid (pero la copia que nos lo conserva es tardía). Desde época muy anterior, los documentos en latín dejan filtrar a veces la realidad de lo que se hablaba: algunas palabras del romance diario se escapan de la pluma que quiere escribir latín. Ni faltan tampoco quienes anoten sobre los documentos latinos la traducción al vulgar de algunas palabras que ya resultaban difíciles de entender. A tales anotaciones llamamos glosas. Estudiando esas glosas y esas faltas, ha podido Menéndez Pidal rastrear la lengua que vivía en España entre los siglos X y XI: genial reconstrucción que nos honra a los españoles, pues no tiene par en la ciencia moderna.
 
Pero el rastreo es siempre por palabras sueltas o muy cortas frases. Sólo una vez, entre las glosas del monasterio de San Millán de la Cogolla, atribuidas al siglo X, hay un trozo que se puede decir que casi tiene ya estructura literaria. El monje estaba anotando un sermón de San Agustín. En las  palabras finales le ha apretado la devoción dentro del pecho. La última frase latina (dos líneas y media) la ha traducido íntegra. Sin duda le ha parecido seca: la ha amplificado (hasta doce líneas cortas), añadiendo lo que le salía del alma. He aquí este venerable trozo (publicado por Gómez Moreno y por Menéndez Pidal), que es, por hoy, el primer texto, no podemos decir que de la lengua castellana, pues hay algún matiz diaIectal, pero sí el primero de lengua española:
 
Cono ayutorio de nuestro dueño dueño Christo, dueño Salbatore, qual dueño yet ena honore e qual dueño tienet era mandacione cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos siéculos de los siéculos. Fácanos Deus omnipotes tal serbicio fere que denante ela sua face gaudiosos seyamus. Amen.
 
O sea, en castellano de hoy: «Con la ayuda de nuestro Señor don Cristo, don Salvador, señor que está en el honor y señor que tiene el mando con el Padre, con el Espíritu Santo, en los siglos de los siglos. Háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amén».

El primer vagido de la lengua española es, pues, una oración.
 
¿Qué balbucen por primera vez el francés, el italiano? Es el año 842. Junto a Estrasburgo se reúnen dos nietos de CarIomagno, Luis el Germánico y Carlos el Calvo, y forman contra otro hermano un tratado de alianza. Luis jura en lengua francesa, para que le entiendan los súbditos de Carlos; y éste en alemana, para ser comprendido por las huestes de Luis. Estos famosos juramentos nos han sido fielmente transmitidos, y en ellos tenemos el primer balbuceo del período francés, un siglo, pues, anterior, al del monasterio de San Millán. Pero trasladémonos ahora a Italia, a la región de Nápoles. Es el año 960 y en Capua están, delante del juez, el abad de Montecassino y un tal Rodelgrimo. Discuten por unas tierras, y el abad prueba la posesión por treinta años mediante tres testigos que repiten una misma fórmula de juramento. Todo el documento está en latín; pero los testigos juran en vulgar, y su jura­mento es el primer testimonio de redacción italiana (si se prescinde de una adivinanza, más latinizante, de la región Norte).
 
Tres primeros murmullos de tres grandes lenguas, cuya literatura llenará el mundo. Y miro, y pienso si habrá sido casualidad. ¿O no es, más bien, que tenía que ser así, porque de lo que está lleno el corazón habla la boca? España, Francia, Italia... ¡Oh, no!: no ha sido casualidad que las primeras frases francesas que conservamos sean militares y políticas (genio de Richelieu, glorias de Austerlitz). Ni que las primeras italianas miren a los bienes materiales (recuérdense las burlas contra banqueros genoveses, en nuestras letras clásicas, pero no se olvide tampoco cuánto oro de Venecia hay en los cuadros de Tiziano). Y no puede ser azar, no. O, si acaso lo es, dejadme esta emoción que me llena al pensar que las primeras palabras enhebradas en sentido, que puedo leer en mi lengua española, sean una oración temblorosa y humilde. El César bien dijo que el español era lengua para hablar con Dios. El primer vagido del español es extraordinario, entre los de sus hermanas. No se dirige a la tierra: con Dios habla, y no con los hombres.


📔 Dámaso Alonso, en «El primer vagido de nuestra lengua» (Obras completas, vol. 2, Estudios y ensayos sobre literatura. Primera parte, desde los orígenes románicos hasta finales del s. XVI, Madrid, Gredos, 1973).