28 de diciembre de 2022

¿Quién me dijera...

Ilustración de Viktor Britvin

 
¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver con largo apartamiento
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto,
que a sempiterno llanto
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo, desamparado,
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa.
 
Después que nos dejaste, nunca pace
en hartura el ganado ya, ni acude
el campo al labrador con mano llena;
no hay bien que’n mal no se convierta y mude.

 
📔 Fragmento de la Égloga I de Garcilaso de la Vega (¿1491?-1536)

17 de diciembre de 2022

En todas tus criaturas

Paisaje italiano con pinos piñoneros, de Hendrik Voogd

 
Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te convienen,
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el hermano Sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas:
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano Viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano Fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana Muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar:
ay de aquellos que mueran en pecado mortal;
bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alabad y bendecid a mi Señor y dadle gracias
y servidle con gran humildad.

 
📔 Cántico de las criaturas, de san Francisco de Asís (¿1224-1225?)

16 de diciembre de 2022

Es imposible hallar al hombre...

Don Miguel de Unamuno con Barry
 
 
Era difícil encontrate,
pensarte, como si vivieras.
Escuchábamos las palabras
que restallaban en tu lengua.
Tallado en piedra, contemplábamos
tu perpetuo gesto de piedra.
Junto a tu sueño, un perro, como
los guerreros de las leyendas.
Estrechábamos una mano
donde tu mano un día ardiera.
Recordábamos y volvíamos
a ti por todas las veredas.
Y era difícil encontrarte,
abarcarte, saberte; era
como erigir ciudades de oro
con sillares leves de niebla. 
Ay, llama ardiente, donde el alma
quemaba su olorosa leña,
qué difícil, en los vestigios
del ayer perseguir tu huella;   
tallarte en tiempo, hacerte tiempo,
volverte a tu total materia,
huesos y sangre temporales,
verbo terrible de profeta.
La eternidad, sobre tus hombros
pesaba como noche negra.
Qué difícil imaginarte. 
Sombra y perfume eres apenas. 
Sombra de sus sueños que soñara
el Padre, aroma de materia
que modelara el Padre. Sombra
y perfume apenas.
Es imposible hallar al hombre
que te llevaba por la Tierra.
 
 
📔 José Hierro, en memoria de don Miguel de Unamuno (1951)

14 de diciembre de 2022

Acometiendo a vivir vida de ángeles en cuerpos humanos

Detalle de Pastor señalando a Tobías y al ángel,
de Abraham Bloemaert

 
Así que, es razón concluyente que el intentar las cosas de las cuales antes nos puede suceder daño que provecho es de juicios sin discurso y temerarios, y más cuando quieren intentar aquellas a que no son forzados ni compelidos, y que de muy lejos traen descubierto que el intentarlas es manifiesta locura.
 
Las cosas dificultosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entrambos a dos: las que se acometen por Dios son las que acometieron los santos, acometiendo a vivir vida de ángeles en cuerpos humanos; las que se acometen por respeto del mundo son las de aquellos que pasan tanta infinidad de agua, tanta diversidad de climas, tanta extrañeza de gentes, por adquirir estos que llaman bienes de fortuna; y las que se intentan por Dios y por el mundo juntamente son aquellas de los valerosos soldados, que apenas veen en el contrario muro abierto tanto espacio cuanto es el que pudo hacer una redonda bala de artillería, cuando, puesto aparte todo temor, sin hacer discurso ni advertir al manifiesto peligro que les amenaza, llevados en vuelo de las alas del deseo de volver por su fe, por su nación y por su rey, se arrojan intrépidamente por la mitad de mil contrapuestas muertes que los esperan.
 
Estas cosas son las que suelen intentarse, y es honra, gloria y provecho intentarlas, aunque tan llenas de inconvenientes y peligros.


📔 Miguel de Cervantes, en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)

12 de diciembre de 2022

Guiomar

El poeta y su dama, de Will H. Bradley
 
 
¡Guay d'aquel que nunca atiende
galardón por su servir!
¡Guay de quien jamás entiende
guarescer ya ni morir!
¡Guay de quien ha de sufrir
grandes males sin gemido!
¡Guay de quien ha perdido
gran parte de su vivir!

Verdadero amor y pena
vuestra belleza me dio.
Ventura no me fue buena,
Voluntad me cativó.
Veros solo me tornó
vuestro, sin más defenderme;
Virtud pudiera valerme;
valerme, mas no valió.

Y estos males qu'he contado
yo soy el que los espera;
yo soy el desesperado,
yo soy el que desespera.
Yo soy el que presto muera,
y no viva, pues no vivo;
yo soy el qu'está cativo
y no piensa verse fuera.

¡Oh, si aquestas mis passiones,
oh, si la pena en qu'estó,
oh, si mis fuertes passiones
ossase descobrir yo!
¡Oh, si quien a mí las dio
oyesse la quexa dellas!
¡Oh, qué terribles querellas
oirié qu'ella causó!

Mostrara una triste vida
muerta ya por su ocasión;
mostrara una gran herida
mortal en el coraçón;
mostrara una sinrazón
mayor de quantas he oído:
matar un hombre vencido
metido ya en la prisión.

Agora que soy ya suelto,
agora veo que muero;
agora fuesse yo vuelto
a ser vuestro prisionero;
aunque muriesse primero,
a lo menos moriría
a manos de quien podría
acabar el bien qu'espero.

Rabia terrible m'aquexa,
rabia mortal me destruye,
rabia que jamás me dexa,
rabia que nunca concluye;
remedio siempre me huye,
reparo se me desvía,
revuelve por otra vía
revuelta y siempre rehuye.


📔 Poema de Jorge Manrique en el que las iniciales de cada verso constituyen un acróstico del nombre de su esposa (Guiomar de Castañeda).

10 de diciembre de 2022

El gran misterio de las letras

San Jerónimo en su estudio, de Joos van Cleve

 
No es igual la pereza del cuerpo a la gran ligereza de nuestro entendimiento; no es menester andar con los pies lo que vemos con el alma. Todas las cosas vemos con ella, y en todas miramos, y no hay cosa más extendida que es el hombre, que aunque parece encogido, su entendimiento lo engrandece. Este es el que lo iguala a las cosas mayores, este es el que rige las manos en sus obras excelentes, este halló la habla con que se entienden los hombres, este halló el gran misterio de las letras, que nos dan facultad de hablar con los ausentes, y de escuchar ahora a los sabios antepasados las cosas que dijeron. Las letras nos mantienen la memoria, nos guardan las ciencias y, lo que es más admirable, nos extienden la vida a largos siglos, pues por ellas conocemos todos los tiempos pasados.


📔 Fernán Pérez de Oliva, en Diálogo de la dignidad del hombre (1546)

8 de diciembre de 2022

Tan hermoso como el mismo fuego

Una virgen vestal cuidando el fuego, de François Lemoyne


De donde, para mayor claridad de lo dicho y de lo que se ha de decir, conviene aquí notar que esta purgativa y amorosa noticia o luz divina que aquí decimos, de la misma manera se ha en el alma, purgándola y disponiéndola para unirla consigo perfectamente, que se ha el fuego en el madero para transformarle en sí. Porque el fuego material, en aplicándose al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene; luego le va poniendo negro, oscuro y feo, y aun de mal olor, y, yéndole secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios a fuego; y, finalmente, comenzándole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a transformarle en sí y ponerle tan hermoso como el mismo fuego.

📔 San Juan de la Cruz, en su comentario a Noche oscura del alma (¿1578-1585?)

4 de diciembre de 2022

Por tu hermosura ángel y por tus obras mujer

Magdalena penitente, del Greco

 
—Lea más vuestra merced —dijo Sancho—, que ya hallará algo que nos satisfaga.
 
Volvió la hoja don Quijote y dijo:
 
—Esto es prosa y parece carta.
—¿Carta misiva, señor? —preguntó Sancho.
—En el principio no parece sino de amores —respondió don Quijote.
—Pues lea vuestra merced alto —dijo Sancho—, que gusto mucho destas cosas de amores.
—Que me place —dijo don Quijote.
 
Y leyéndola alto, como Sancho se lo había rogado, vio que decía desta manera:
 
Tu falsa promesa y mi cierta desventura me llevan a parte donde antes volverán a tus oídos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas. Desechásteme, ¡oh, ingrata!, por quien tiene más, no por quien vale más que yo; mas si la virtud fuera riqueza que se estimara, no envidiara yo dichas ajenas ni llorara desdichas propias. Lo que levantó tu hermosura han derribado tus obras: por ella entendí que eras ángel y por ellas conozco que eres mujer. Quédate en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que los engaños de tu esposo estén siempre encubiertos, porque tú no quedes arrepentida de lo que heciste y yo no tome venganza de lo que no deseo.
 
Acabando de leer la carta, dijo don Quijote:
 
—Menos por esta que por los versos se puede sacar más de que quien la escribió es algún desdeñado amante.
 
Y hojeando casi todo el librillo, halló otros versos y cartas, que algunos pudo leer y otros no; pero lo que todos contenían eran quejas, lamentos, desconfianzas, sabores y sinsabores, favores y desdenes, solenizados los unos y llorados los otros.
 
 
📔 Miguel de Cervantes, en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)