Era difícil encontrate,
pensarte, como si vivieras.
Escuchábamos las palabras
que restallaban en tu lengua.
pensarte, como si vivieras.
Escuchábamos las palabras
que restallaban en tu lengua.
Tallado en piedra, contemplábamos
tu perpetuo gesto de piedra.
Junto a tu sueño, un perro, como
los guerreros de las leyendas.
Estrechábamos una mano
donde tu mano un día ardiera.
Recordábamos y volvíamos
a ti por todas las veredas.
tu perpetuo gesto de piedra.
Junto a tu sueño, un perro, como
los guerreros de las leyendas.
Estrechábamos una mano
donde tu mano un día ardiera.
Recordábamos y volvíamos
a ti por todas las veredas.
Y era difícil encontrarte,
abarcarte, saberte; era
como erigir ciudades de oro
con sillares leves de niebla.
abarcarte, saberte; era
como erigir ciudades de oro
con sillares leves de niebla.
Ay, llama ardiente, donde el alma
quemaba su olorosa leña,
qué difícil, en los vestigios
del ayer perseguir tu huella;
tallarte en tiempo, hacerte tiempo,
quemaba su olorosa leña,
qué difícil, en los vestigios
del ayer perseguir tu huella;
tallarte en tiempo, hacerte tiempo,
volverte a tu total materia,
huesos y sangre temporales,
verbo terrible de profeta.
La eternidad, sobre tus hombros
pesaba como noche negra.
huesos y sangre temporales,
verbo terrible de profeta.
La eternidad, sobre tus hombros
pesaba como noche negra.
Qué difícil imaginarte.
Sombra y perfume eres apenas.
Sombra de sus sueños que soñara
el Padre, aroma de materia
que modelara el Padre. Sombra
y perfume apenas.
el Padre, aroma de materia
que modelara el Padre. Sombra
y perfume apenas.
Es imposible hallar al hombre
que te llevaba por la Tierra.
que te llevaba por la Tierra.
📔 José Hierro, en memoria de don Miguel de Unamuno (1951)

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