Y ahora mi alma está derramada en mí;
días de aflicción se apoderan de mí.
La noche taladra mis huesos,
y los dolores que me roen no reposan.
La violencia deforma mi vestidura;
me ciñe como el cuello de mi túnica.
Él me derribó en el lodo,
y soy semejante al polvo y a la ceniza.
Clamo a ti, y no me oyes;
me presento, y no me atiendes.
Te has vuelto cruel para mí;
con el poder de tu mano me persigues.
Me alzaste sobre el viento,
me hiciste cabalgar en él,
y disolviste mi sustancia.
Porque yo sé que me conduces a la muerte,
y a la casa determinada a todo viviente.
Se ha cambiado mi arpa en luto,
y mi flauta en voz de lamentadores.
📖 Job 30: 16-23, 31 (Reina Valera 1960)
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