18 de noviembre de 2023

El árabe: un generoso hermano mayor

La presencia musulmana en España, iniciada en el año 711 d. C. (92 de la hégira) y prolongada durante siglos, ha permitido una larga convivencia y la consiguiente influencia mutua entre las culturas islámica y cristiana en la península ibérica. De esta circunstancia ha surgido la singularidad —única en la historia de las lenguas europeas— de que el árabe asistió al nacimiento y escuchó los primeros balbuceos del español, ejerciendo hacia él, por así decirlo, las veces de generoso hermano mayor. Cuando el idioma castellano daba sus primeros y titubeantes pasos en los rudos reinos cristianos septentrionales, la cultura y la lengua árabes —que vivían, en el califato de Córdoba, un espléndido florecimiento— le ofrecieron materiales e ideas con los que nutrirse y modelarse, prestándole conceptos filosóficos, matemáticos, astronómicos y médicos que le permitieron situarse, gracias en concreto a la labor de la Escuela de Traductores (árabes, judíos y cristianos) de Toledo y de las traducciones de Alfonso X el Sabio, en la vanguardia intelectual de las lenguas romances, trasvasándole varios miles de sus más bellos términos, muchos de ellos índole acendradamente coránica. Las primeras composiciones poéticas de aquel incipiente protoespañol llegadas hasta nosotros, conocidas bajo el nombre de «jarchas», son ejemplos de canciones líricas con acusadas influencias árabes.

Podrían, incluso, atribuirse a esta presencia e influencia islámicas ciertos comportamientos o actitudes de espíritu considerados característicos de la sociedad española, como el elevado sentido de la hospitalidad o la actitud de sumisa aceptación de los acontecimientos, sobre todo de los aciagos, como venidos de la mano de Dios.

Manel Díaz, en su prólogo para la versión española del Corán de Bahige Mulla Huech

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