10 de febrero de 2026

¡Morir de pena!


 
En el castillo de mi corazón,
donde yo encuentro paz, inspiración,
donde mi sueño no tiene a nadie que lo detenga...
 
En esta débil fortificación
que fui forjando yo a mi alrededor
piedra a piedra y en mi corazón no había grieta,
pero no sirvió de nada, tú pasaste por mi puerta...
 
¡Y empezaste a volver loca, loca, loquita mi cabeza!
Me diste vueltas y vueltas, me hiciste morir de pena.
¡Ay, no, no, no! ¡Morir de pena!

Pero ya no me duele,
la duquela que pasé por ti no duele.
Las flores de mi jardín ya no se mueren...

Que no hay persona y en un corazón
que en una piedra haga sentir dolor,
pero tú fuiste esa excepción que hace la regla.

En el castillo de mi corazón,
donde yo encuentro paz, inspiración,
ahora tú llamas, pero ya no está la puerta abierta,
pero no sirvió de nada, ya no hay sitio para tu pena...
 
¡Y empezaste a volver loca, loca, loquita mi cabeza!
Me diste vueltas y vueltas, me hiciste morir de pena.
¡Ay, no, no, no! ¡Morir de pena!

Pero ya no me duele,
la duquela que pasé por ti no duele.
Las flores de mi jardín ya no se mueren...
 
 
Pepe de Lucía, en "Flor de mi jardín", El corazón de mi gente (2002).
 
* * * *
 
[...] El afán, entre muros
debatiéndose aislado,
sin ayer ni mañana
yace en un limbo extático.

La almohada no abre
los espacios risueños;
dice solo, voz triste,
que alientan allá lejos.

El tiempo en las estrellas.
Desterrada la historia.
El cuerpo se adormece
aguardando su aurora.
 
 
Luis Cernuda, en La realidad y el deseo (1924-1962).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Todo comentario es bienvenido en este blog, pero siempre conviene recordar la sabiduría de Calderón: «Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla».