que iba borrando y apagando el mundo,
creyó que, al par del astro moribundo,
la creación agonizaba entera.
Mas, luego, al ver lumbrera tras lumbrera
dulce brotar y hervir en un segundo
universo sin fin..., vuelto en profundo
pasmo de gratitud, ora y espera.
Un sol velaba mil: fue un nuevo Oriente
su ocaso, y pronto aquella luz dormida
despertó al mismo Adán pura y fulgente.
... ¿Por qué la muerte al ánimo intimida?
Si así engaña la luz tan dulcemente,
¿por qué no ha de engañar también la vida?
José María Blanco White (1775-1841)

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